Cuando decoré el primer malma nunca imaginé que llegaría (y pasaría) de la centena. En este tiempo he pasado auténtico terror cuando en una de mis múltiples visitas al IKEA vi el tan buscado como odiado cartel de "últimas unidades". EN MIS MALMAS NOOOOOOO.
Me llevé todos los que quedaban con un síndrome de abstinencia provocado incluso antes de que desaparecieran. No me resignaba a no volver a poder decorar los espejitos SNIFFF y en las siguientes visitas miraba con nostalgia el rincón donde siempre estaban colocados usurpado su lugar por unos de colores tan poco tuneables como un ventilador (síndrome del miembro ausente).
Mientras tanto los que había comprado se morían de aburrimiento en la buhardilla. No me atrevía ni a tocarlos porque no soportaba quedarme sin ellos. Hasta que un día y sin esperarlo volví a ver espejos malma.... Me frotaba los ojos, no podía creer que los hubieran vuelto a poner a la venta. Me acerqué con miedo a que fuese un espejismo (síndrome del sueño que paso) y allí estaban!!. Con un material más plástico, un cuadrado interior más redondeado.. pero malmas al fin y al cabo.
Y así pude seguir aumentando mi número de espejos hechos hasta llegar a este que suma... TACHÁN, TACHÁN.. el número 100!!!!!.
Aquí me han dejado tema libre pero como la niña se llama Luna, qué mejor que centrar la decoración en el satélite del mismo nombre. El color morado le encanta a su madre así que lo he hecho en estos tonos. Todo está pintado en acrílicos y como siempre detallitos en gomaeva.
Y ahora.... a por los 200.